lunes, 20 de octubre de 2008

A veces...

A menudo, el exceso de ruido (o la falta de silencio) no nos permite escucharnos.
A veces, un segundo de silencio no buscado, accidental, nos lleva a percibir una melodía mal entonada, un cántico desafinado, que suena tan mal a nuestro oído interior (que no oído interno) que inmediatamente triplicamos los decibelios externos para no asustarnos de un corazón que late desacompasado.
A veces, entonces, lo golpeamos, cual jodido despertador matutino. Pero como no va a cuerda, ni a pilas, no muere a golpes. Y es como río que intentas frenar, o secar, o contener. Desborda en una gran crecida por la zona menos adecuada.
A veces, no está tan mal dejar el mundo en stand by (o bajarse un rato, también vale). Y así, como músic@ con su instrumento, como instrumento con su músic@, afinar la fibra y la madera, el alma y el metal, el corazón y la cuerda.
A veces, si nos tomamos el tiempo adecuado (siempre más del que en un principio nos apetece) encontramos nuestra clave particular, y sin necesidad de memoria ni partitura, comienza a sonar nuestra propia melodía.

4 comentarios:

۞Mujerconpiernas۞ dijo...

Sñi, afinar, hilar fino.
Besísimos

LUCERO dijo...

totalmente deacuerdo contigo al hablar del silencio a veces tan necesario

besos

MARISA dijo...

el silencio es mu peligroso... evitémoslo mientras podamos...

V dijo...

Mujerconpiernas, me encantó tu último post. Sí, a hilar fino hay que aspirar. Cada vez más fino y más complejo y más... Besitos.

Gracias, Lucerito. No es fácil encontrar a personas que valoren el silencio. Besos pa tí también.

Marisa, el Miércoles me cuentas tu concepto de peligro. Yo que iba a ser buena y a no hacerte pasar por una de mis sesiones de psicología barata... Pero ya no te libras! Je je je! Besitos, guapa.