domingo, 15 de junio de 2008

Tatus

Siempre tuve ganas de hacerme un tatu. Pero...




¿Problema nº 1? El diseño. ¿Qué me dibujo? ¿Y si lo que hoy tiene un sentido para mí, en unos años deja de tenerlo? ¿Me arrepentiré de vieja de haber tenido ahora semejante gran idea?




¿Problema nº 2? El lugar. ¿Qué parte del cuerpo me tatúo? ¿Que se vea siempre? ¿O nunca? ¿O sólo a voluntad?




Todo este proceso se vió acelerado por una amiga. Ella iba a ir a hacerse un tatuaje precioso. Me pidió que la acompañara. Allí mismo, mientras ella esperaba a entrar, me decidí. Unas figuras musicales en el tobillo. La música la llevo grabada a fuego tan dentro de mí, y estoy tan segura de que (aunque un día me quedara sorda) la llevaré siempre conmigo, que nunca será un problema habérmela grabado también en la piel. Y en el tobillo, donde se enseña o no a voluntad, pero tampoco hace falta despelotarse ni enseñar nada políticamente incorrecto para mostrarlo.











Dicen que esto, una vez que se empieza, es un vicio. Así que ya está próximo el siguiente. Es una clave de azahar, como mi blog, como mi forma de sentir la música y la vida (intensa, apasionada, impetuosa, impulsiva, embriagadora, arrolladora, explosiva...). Esta vez será en el hombro, donde también se muestra o no a voluntad, además de ser un sitio muy sensual (me encantan los hombros y la espalda en las mujeres).



Ya tengo un diseño que me gusta, y que probablemente sea el definitivo (este me gusta, y la artista que lo diseñó está muy liada estos días terminando de preparar su examen de alemán para el Instituto de Idiomas, así que no le voy a pedir que lo cambie ni haga otro).



¿Qué os parece?







En cuanto me lo haga, cuelgo foto.

(Si me acompañas a hacerlo, serás la primera en morderlo. Ayysss...).