lunes, 20 de octubre de 2008

A veces...

A menudo, el exceso de ruido (o la falta de silencio) no nos permite escucharnos.
A veces, un segundo de silencio no buscado, accidental, nos lleva a percibir una melodía mal entonada, un cántico desafinado, que suena tan mal a nuestro oído interior (que no oído interno) que inmediatamente triplicamos los decibelios externos para no asustarnos de un corazón que late desacompasado.
A veces, entonces, lo golpeamos, cual jodido despertador matutino. Pero como no va a cuerda, ni a pilas, no muere a golpes. Y es como río que intentas frenar, o secar, o contener. Desborda en una gran crecida por la zona menos adecuada.
A veces, no está tan mal dejar el mundo en stand by (o bajarse un rato, también vale). Y así, como músic@ con su instrumento, como instrumento con su músic@, afinar la fibra y la madera, el alma y el metal, el corazón y la cuerda.
A veces, si nos tomamos el tiempo adecuado (siempre más del que en un principio nos apetece) encontramos nuestra clave particular, y sin necesidad de memoria ni partitura, comienza a sonar nuestra propia melodía.

Tu corazón

Sé tú misma cada día.
Déjate estar.
Permítete sentir.
No ates tu corazón.
No lo fuerces.
Ni lo obligues.
Ni lo contengas.
Ni lo encierres.
Ni lo predispongas.
Ni le exijas.
Sólo ábrelo.
Déjalo fluir.
Y llorar.
Y reir.
Permítele latir...
...y escúchalo.
Seguro que suena precioso.

Luna lunera


Luna Lunera

cascabelera,

te quiero igual

quieras o no quieras,

si creces o menguas,

si te vas o llegas.



Besitos luneros,

caricias blancas,

susurros nocturnos

y abrazos al alba

para una lunera

de esta lunática.